La autocrítica

autocrítica

¿Cómo me hablo a mí misma?

A menudo la tendencia a perseguir la perfección inalcanzable nos impulsa a usar un discurso de autocrítica excesivamente dura e injusta, incluso de insulto y autocastigo. Cometo un error, no hago algo como entiendo que debería estar bien hecho (¡perfectamente hecho!) y entonces puedo encontrarme diciéndome “no estás a la altura” o “eres tonta” ,incluso. Cuando usamos la autocrítica de forma exagerada o nos etiquetamos emocionalmente de forma sobregeneralizada y negativa en aras de la autodisciplina y la perfección, estamos actuando de forma destructiva con nuestro potencial. Este discurso interior basado en la rigidez y la negatividad nos hace sentir ansiosos y deprimidos, y afecta nuestro rendimiento y  nuestra motivación haciendo más que probable que cometamos un error…confirmando así nuestra autopercepción negativa y perpetuando el círculo.

Las sobregeneralizaciones de aspectos negativos: “Cometí algunos errores en el proyecto, soy una inútil” o “No sé cómo hacerme entender con mi hijo, soy una mala madre”  implican sacar conclusiones negativas generalizadas a partir de un hecho concreto yendo mucho más allá del incidente, y suponen una distorsión cognitiva. Estas distorsiones junto con los mandatos irracionales del tipo “Para ser valiosa tengo que hacerlo todo bien” o “Debo gustarle a todo el mundo” son ideas y exigencias de carácter absolutista (todo o nada) y dogmático, están elaboradas culturalmente sobre la idea de bienestar, perfección o éxito, y terminan causándonos estrés emocional, ansiedad, sensación de fracaso y frustración.

Hacia una autocrítica sana

Una autocrítica sana pasaría por estudiar y analizar lo que ha pasado para tratar de aprender de ello y buscar nuevas posibilidades para afrontar esa situación. Implicaría tener en cuenta todo el esfuerzo que he realizado, no solo los resultados, y sobretodo reconocer también los logros. La autocrítica en su forma positiva puede ser una gran aliada para el desarrollo y para mejorar nuestras capacidades y conseguir nuestros objetivos. Nos hace conscientes de las fortalezas de que disponemos y de los elementos a mejorar, y nos permite disfrutar del camino conectados con nuestras motivaciones.

Para cambiar el discurso de autocastigo por uno basado en el cariño y el respeto necesitamos trabajar dos aspectos fundamentales: la aceptación incondicional (soy valiosa solo por el hecho de existir, aunque haya cosas que quiera cambiar) y la compasión (básicamente aprender a tratarnos y a hablarnos con amabilidad).  La aceptación incondicional es algo especialmente necesario ya que vivimos en una cultura que nos educa en los actos condicionales: “Solo me querrán si soy la mejor”, “Mis padres solo estarán orgullosos si soy una buena estudiante”.

Si planteamos nuestro camino vital con la única meta de crecer y desarrollarnos siendo únicos, sin pretensiones y sin compararnos, podremos disfrutar del trayecto, aprendiendo y esforzándonos con naturalidad y sin ansiedad, tranquilos. Ser el mejor no es lo mismo que ser una persona realizada, esto significa disfrutar plenamente de lo que eres y de lo que haces.

2 comentarios en “La autocrítica”

  1. Gracias por esta entrada, es muy interesante. Reconozco que esta tendencia de castigarse por un hecho concreto en términos generales puede ser contra-productivas. ¿Pienses que formar generalizaciones sobre nuestra comportamiento puede tener un rol en ayudarnos a entendernos mejor? o ¿piensas que las generalizaciones siempre son contra-productivas?

    1. Hola Oliver, me alegro de que te haya interesado el tema. Respecto a tu pregunta decirte que sí, que definitivamente las generalizaciones tienen un rol para entendernos, básicamente porque forman parte de ciertas etapas de los procesos de aprendizaje. El problema con ellas viene cuando se vuelven sobregeneralizaciones, siendo rígidas o directamente erróneas y suponen una distorsión del pensamiento o una inferencia arbitraria. Espero haber dado respuesta a tu pregunta 🙂

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