Usamos el control para definir una forma de influir en cosas externas, de un modo mecanicista, pero, ¿podemos apagar y encender una emoción como si se tratara de un interruptor? , lo que podemos hacer en este sentido es reprimirla, pero esto no la haría desaparecer y terminaría generando un malestar interno. La regulación, en cambio, implica la acción de reconducir y de devolvernos a una situación de equilibrio: la regulación emocional supone la capacidad de equilibrar la intensidad de la experiencia emocional, su expresión de forma rica y productiva y la habilidad para cuidarnos a nosotros mismos.
La regulación emocional está ligada a la función adaptativa de las emociones, depende directamente de nuestra capacidad de experienciarlas de forma consciente, es decir , de darnos cuenta de ellas, reconociéndolas, reflexionando sobre ellas para darles un significado y de expresarlas de forma adecuada. Entonces, cuando experimento una emoción conscientemente me hago cargo de ella, la reconozco. Y cuando soy consciente de lo que siento entra en juego la expresión de esa emoción, y en este punto debemos tener en cuenta que ni la supresión u ocultación absolutas, ni la expresión brutal y descontrolada serán la opción sana o adaptativa. La clave será el desarrollo de la habilidad de elegir cómo y cuándo expresar nuestras emociones.
Un buen nivel de conciencia sobre nuestras emociones tendrá un efecto adaptativo y organizador en nuestras habilidades de relación personal y social y repercutirá en nuestro bienestar. Hay una gran diferencia entre disfrutar de una experiencia emocional rica y potente y ser controlados o arrastrados por nuestras emociones. Por ejemplo, sentirme triste si sufro una ruptura de mi relación de pareja es apropiado, ya que se ha roto un vínculo de apego importante, pero ser presa de la desesperación por sentirme abandonada sería ser arrollada por la emoción. También la rabia en su forma sana y adaptativa me orienta: me ayuda a decir no o a activarme ante una situación que considero injusta, pero perder los estribos presa de la ira puede traerme muchos problemas.
Una de las cosas que más trabajamos en terapia es el desarrollo de una actitud abierta y de aceptación hacia las emociones y su naturaleza cambiante, porque las emociones, por intensas que sean, están en constante movimiento, llegan y se van, y cambian con el tiempo. No nos definen y no debemos identificarnos con ellas porque no somos esa emoción. Sentirme triste no quiere decir que soy una persona triste, ni sentir rabia o enfado me convierte en una persona agresiva.
Las emociones nos aportan un material muy valioso, nos informan, nos motivan y nos permiten comunicarnos, suponen un sistema de orientación basado en la experiencia. Por ello, las psicoterapias que tienen la experiencia emocional como pieza clave trabajan para que esta constituya una guía verdadera y adecuada en el camino del desarrollo y el bienestar personal.

Me parece muy interesante y útil esta distinción entre control / reprimir y regular emociones. Pero tengo una pregunta- ¿basta reconocer una emoción para regularla, o hay que trabajar con ella en cierto modo, desarrollando estrategias para canalizarla?
Hola Oliver, lo cierto es que reconocerla sería una parte del proceso. Sería fundamental experimentarla conscientemente, de modo que pudiéramos reconocerla, dándole un significado, y aquí buscaríamos una forma de expresión adaptativa. Sería el proceso como tal el que nos permitiría la regulación, y de hecho implicaría el “trabajar con ella” que planteabas. Gracias por tu comentario, me alegra que te haya parecido un tema interesante 🙂
Sí, mucho- gracias a ti!